Siempre que me dejo llevar y me siento bien, a los pocos días me da un bajón, me deprimo y me vuelve a tragar ese hueco que siempre está presente; ese hueco que nunca me deja en paz y que siempre me muestra lo vacía que está mi vida.
Poco a poco yo misma me voy encerrando en un mundo pequeño y solitario, poco a poco dejé de frecuentar a la mayoría de mis amigos, ahora sólo mantengo contacto con mis 3 mejores amigas, nadie más. Me siento muy sola.
Mi mayor sueño es ser una mujer feliz, independiente, libre. Pero es un sueño que parece tan lejano.
Este fin de semana me abandoné a comer lo que se me pusiera enfrente, sin contar o pensar en calorías, pero con todo el remordimiento y el coraje. He estado guardándome mis lagrimas cuando estoy frente a un plato de comida, sólo comiendo de forma mecánica, mientras tengo una fantasía en la que lanzo el plato contra la pared y le grito a mis padres -¡Miren en que me han convertido!- Y correr. Correr y correr hasta llegar a un lugar desconocido, tirarme en el piso, y llorar hasta entrar en un sueño sobre la nada. Caer en un estado cataléptico y quedarme así, hundida en los caminos interminables de mi mente.
No entiendo, ayer me sentía bien, hasta la tarde. Fui al teatro, y ahí había muchos chicos de secundaria, apenas 4 o 5 años menores que yo. Los veía reírse de todo, hablando y sonriendo; los miré y me pregunté ¿Cuándo fue que yo perdí esa alegría? ¿Dónde quedaron esos días en los que podía reírme de todo? Siento que todo tiene vida, menos yo. Sólo siento que me estoy marchitando cada día que pasa.





